Termópilas: Como fue y por qué los espartanos no fueron 300

Se estima que en este agosto se cumplieron 2500 años del enfrentamiento entre los hombres comandados por Leónidas contra el ejército persa.

Es un mito. A 2.500 años de la batalla de Termópilas que enfrentó al ejército espartano comandado por el rey Leónidas y el avance impiadoso del imperio persa bajo el mando de Jerjes I todavía se discute la veracidad de algunos de los acontecimientos que se sucedieron en el desfiladero griego, en agosto del año 480 a.C.

La película «300», de Zack Snyder (2006) es una genialidad, pero no deja de ser una ficción. Porque en realidad ni Leónidas era tan intrépido ni su ejército estuvo conformado por apenas 300 hombres, sino que fueron muchos más. Tampoco las tropas de Jerjes I eran tan numerosas como se cree (más de dos millones) y existen disputas y diferentes teorías sobre la cantidad total de soldados que llegaron a invadir a los griegos. Además, también hubo enfrentamientos en el mar que fueron determinantes para el desenlace de la historia y del armado del mapa mundial actual.

En cambio, los historiadores coinciden en que Leónidas adoptó una actitud casi «suicida» y ante la derrota inevitable decidió prescindir de una gran parte de sus hombres para combatir a los persas, que finalmente lo masacraron.

Leónidas, el rey inesperado

Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David, 1814.

Fue el cuarto hijo del rey Anaxandridas II, y nieto de León, su antecesor. Al tener dos hermanos varones mayores no se esperaba que llegara a ser coronado. Pero primero murió su hermano Dorieo luchando en Sicilia contra los cartagineses y poco tiempo después falleció Cleómenes, a causa de una enfermedad. Fue entonces que Leónidas asumió el mando.

Esto se ha interpretado como la verdadera razón por la que Leónidas fue un rey diferente, ya que no recibió la educación propia de un joven destinado a gobernar, sino la misma que el resto de espartiatas, el grupo de los ciudadanos elegidos de Esparta.

La educación espartana tenía como objetivo la defensa del Estado y preparaba a sus hijos para su futuro como guerreros. Todas las acciones se supeditaban a ese fin con firme disciplina y autoritarismo. Y se cree que al nacer, los niños débiles eran directamente sacrificados.

Sin embargo, hay una teoría que contradice a esta creencia. El historiador griego Heródoto nunca describió a Esparta como una sociedad militarizada, aislada o intolerante con cualquier extranjero. Se cree que en la mitificada educación espartana se les arrebataba a los varones de las familias para que fueran guerreros, pero en realidad se mantenía un estrecho vínculo con sus padres.

Según el catedrático español César Fornis, autor de El mito de Esparta (Alianza, 2019) que el rey Agesilao II (su reinado se extendió entre 398 a.C. y 358 a.C) «debía ser cojo, y de nacimiento», lo que echaría por tierra la creencia de que los espartanos despachaban por un acantilado a los niños que habían nacido con problemas físicos.

La venganza de Jerjes I

Rodrigo Santoro, el actor brasileño que interpretó a Jerjes en la película de Zack Snyder.

La intención «oficial» de Jerjes era conquistar la península Helénica para unirla a su Imperio, el más grande que la humanidad había conocido hasta ese momento. Pero el motivo «real» por el cual quería invadir Grecia era para vengar a su padre Darío I, quien había sido derrotado diez años antes en la batalla de Maratón.

Darío I no pudo con los griegos, tuvo que replegarse y cuando se preparaba por su revancha, una insurrección en Egipto lo obligó a desviar su atención. Pero cuando se preparaba para atacar, una enfermedad lo fulminó y el trono quedó en manos de su hijo, Jerjes I.

Jerjes organizó un ejército mayor al que había comandado su padre para atacar Grecia y es real que superaban por miles a los griegos. Sin embargo, los soldados persas no sobrepasaban los 200.000 unidades. Muy lejos de ese número que agiganta el mito que indica que se trataba de 2.080.000 soldados sedientos de sangre.

Tampoco los espartanos eran 300. Esparta y Atenas, ante el peligro inminente, sellaron una alianza militar y naval para contener al enemigo. También formaron parte del acuerdo otros representantes de la Grecia continental. Por lo que el ejército que comandó Leónidas fueron un poco más de 300 espartanos, además contó con 700 tespios, 2.120 arcadios, 1.000 locrios, 400 tebanos, 400 corintios, 200 hombres de Fliunte, 80 micenos, 1.000 hoplitas aproximadamente. Según Heródoto, fueron 5.200; para Diodoro Sículo (Siglo I a.C), unos 7.400; y para Pausanias (Siglo II d.C) 11.200.

Durante los preparativos de la guerra, un emisario enemigo llegó hasta Leónidas para convencerlo que presentar batalla ante la grandeza del ejército de Jerjes provocaría un derramamiento de sangre innecesario, y le exigió que entregara las armas. Según la versión de Plutarco (historiador griego que vivió entre el año 46 y 120, aproximadamente), Leónidas simplemente contestó: “Ven y cógelas”.

Historia
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El oráculo de Delfos

Ante la inminente invasión, una delegación espartana consultó al oráculo de Delfos, citada por Heródoto en su Historia. Pero el vaticinio de Apolo fue terrible. Los persas arrasarían la ciudad de Esparta, aunque existía una oportunidad: sacrificar la vida de un rey en su defensa. Heródoto lo citó así: “Mirad, habitantes de la extensa Esparta, o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo o no lo es; pero en ese caso, la tierra de Lacedemón -Esparta- llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles. Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones, ya que posee la fuerza de Zeus. Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos”.

Leónidas no dudó a pesar del presagio desfavorable, hasta se cree que vio la oportunidad de convertirse en un mito tal vez por la educación que había recibido para ser guerrero y no para convertirse en rey. Asumió entonces su papel como sacrificio humano para los dioses y así proteger a su gente. Con esa convicción se fue a las Termópilas.

La batalla de Termópilas

Jerjes I y Leónidas.

Los persas debían cruzar por un paso de unos 15 metros de anchura en su punto más estrecho rodeado por montañas, terrenos pantanosos y el propio mar. Allí se apostó el pequeño ejército comandado por Leónidas. La estrategia es conocida: pese a ser inferiores, aprovecharon el espacio reducido para impedir el avance de Jerjes.

El rey persa esperó cuatro días a que se retiraran ante la abrumadora superioridad numérica de su ejército. Pero los griegos se plantaron. Al quinto día, los persas iniciaron el ataque. En la primera jornada, las arremetidas del ejército imperial fracasaron. En la segunda sucedió lo mismo. Los griegos formaban en falange y sus escudos de bronce y largas lanzas eran infranqueables para los persas, que usaban escudos de mimbre y lanzas más cortas. Los muertos en las filas persas se contaban por centenas; mientras que entre los griegos las bajas fueron escasas.

Cuando Jerjes se encontraba ya al borde de la desesperación, al final del segundo día, recibió la visita de un traidor: Efialtes, que guió a los persas durante la noche por un camino de montaña que les permitía sorprender a los griegos por la retaguardia. Al conocer la noticia, y luego de dos días de lucha intensa y de resistencia estoica, Leónidas ordenó a sus hombres que se retiraran y se quedó con tan solo 1.200 soldados. Hubiera sido impropio abandonar el mando y lucharon hasta que finalmente fueron aniquilados. Se cree que Leónidas en ese momento tenía 60 años y no estaba en edad de combatir. Jerjes mandó a decapitar el cuerpo de Leónidas y dejó su cabeza clavada en una estaca en el campo de batalla.

La derrota de Leónidas y su pequeño ejército inspiró a toda Grecia que tras la batalla naval de Salamina, un mes más tarde, le dio un golpe letal a los persas que finalmente se retiraron un año más tarde tras no poder quebrar las resistencias helénicas. Y tal vez desde ese momento se entienda la brecha entre la Europa occidental como la conocemos en la actualidad y la cultura oriental.

Fuentes:  El Clarín , El portal de historiador

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